Leyendas y Relatos

El Picuezo y La Picueza

El Señor del Castillo poseía una viña muy especial, que daba uvas muy exquisitas, que alguien estaba robando. Una noche, el guardia sorprendió a una pareja que ocultaba algo en una cesta; les requirió que lo mostraran (sospechando que eran las uvas) a lo que la pareja se negó y tentó al diablo diciendo: "que nos volvamos piedra, si son uvas lo que aquí llevamos".

Y la maldición cayó sobre ellos por mentir, pues eran las uvas del Señor lo que escondían.

Existen otras variaciones de esta leyenda pero, sin lugar a dudas, ésta es la más popular.

La Maldición

Lucas era aquel año el Mayordomo de la Cofradía del Hábeas y, como el cargo lo requería y su honradez también, guardaba celoso en su casa las hachas, velas y cera de la cofradía.

Su mujer no tenía sus cualidades, siendo astuta y avariciosa, buenos puñados se llevaba de cera.

La muerte vino a buscar a Lucas y, pasados los dias, el nuevo mayordomo se hizo cargo de los bienes de la cofradía. Contando y pesando, notó la falta de cera.

¡Qué lamentos y sollozos de la viuda confesando su inocencia! y diciendo: "Si hay en la casa más cera de la Cofradía haga Dios que arda con ella".

La maldición tuvo su respuesta. Día del Corpus, suenan las campanas y sale solemne la procesión. Pero, de repente, las campanas dejan el aire festivo y tocan alarma. La casa de Lucas arde con crepitar del infierno. Todo auxilio resulta en vano y el pueblo ve horrorizado quemarse a la viuda dentro.

El Castillo

Posiblemente el hecho más característico ocurrido en el Castillo y en torno al que se han elaborado numerosas leyendas centrándose en el crimen cometido, en Agosto de 1445, cuando unos facinerosos apuñalaron a los señores de Autol y se apoderaron del Castillo, pero la población y la nobleza cercaron el recinto y lo conquistaron a los treinta dias.

Leyenda del Miserere

Un afamado compositor llegó un día al monasterio, pidiendo asilo. Huía de su anterior vida de pecado y deseaba purgarlo escribiendo una música que contuviese el "salmo del miserere", el más hermoso y triste miserere que jamás se hubiera escrito, pero no conseguía terminarlo.

Entonces, uno de los frailes, le contó la antigua historia del miserere de la montaña: en el cercano monte, donde existió un primigenio monasterio, que fue destruido por la maldad de unos ladrones, se oía, en la noche de Jueves Santo, el más lastimero de los cánticos.

Intrigado y temeroso, decidió subir al monte dicha noche, para comprobar qué había de realidad en aquellas palabras. La oscuridad fue envolviendo al músico y, cuando fueron las once, éstas sonaron en las inexistentes campanas del destruido monasterio. Llegaron a él las palabras del lúgubre canto, entonadas por los asesinados frailes, acompañados por el ruido del viento en los árboles, el chocar de piedras y de huesos.

Fue tal el terror que le inspiró la escena, que perdió el conocimiento. Ya de regreso, intentó escribir la obra pero, al llegar al punto de su desvanecimiento, no podía continuar y murió afiebrado y enloquecido, sin poder terminar su maravilloso "Miserere".